Alan Turing: el científico que ayudó a descifrar los códigos nazis

marzo 11, 2019

Por Pedro Gago Lebrón

Para los que no le conozcáis, Alan Turing fue un polifacético hombre de ciencias nacido en Londres en 1912. Fue matemático lógico, criptógrafo, filósofo y científico de la computación, haciendo importantes y brillantes aportaciones al mundo de la computación que le convirtieron en pionero de la informática moderna. 

Antes de la universidad, estudió en el colegio de Sherborne. Su falta de dedicación a las asignaturas clásicas le llevó a suspender varios exámenes, impidiendo de esta forma el acceso a su primera elección universitaria. Es por ello que estudió en el King’s College (Universidad de Cambridge) y, posteriormente, en la Universidad estadounidense de Princeton, siempre dedicado a la ciencia y a las matemáticas. 

Antes de la guerra, donde su biografía se agranda, ya hizo grandes avances en computabilidad: en 1936 crea la máquina de Turing, capaz de resolver cualquier problema matemático que pudiera representarse mediante un algoritmo. En 1938 se inventó el término hipercomputación para, a través de las máquinas Oracle, resolver también problemas para los que no existía representación algorítmica. 

 

Su aportación a la II Guerra Mundial

Y entonces explotó la Segunda Guerra Mundial. Los alemanes comenzaron a utilizar la máquina de la imagen para encriptar sus comunicaciones. Esta máquina, parecida a una máquina de escribir convencional de la época y de nombre Enigma, estaba compuesta de varios rotores (con 26 posicione s cada uno en base a las 26 letras del alfabeto) que iban girando a medida que se introducía el mensaje de entrada. Estos giros hacían que a cada letra de entrada del mensaje original le correspondiera una letra de salida de manera que, al ir rotando a cada pulsación, la misma letra de entrada no tenía siempre la misma letra de salida. Es decir, posibilitaban un código variable. Adicionalmente, los rotores se colocaban en la máquina manualmente en una posición concreta y ese, junto con algunos datos más, pero en ningún caso ninguna clave, era la única configuración que se necesitaba compartir entre los poseedores de las máquinas. Dicha configuración inicial era cambiada con frecuencia. Este funcionamiento hacía imposible romper la encriptación usando los métodos de fuerza bruta ya que existían millones de posibilidades y relativamente poco tiempo para el análisis en cada ciclo. 

Turing fue reclutado para el equipo de trabajo británico de descifrado que se instaló en la mansión victoriana Bletchley Park, equipo que acabaría dirigiendo. Además, ayudado por las investigaciones que sobre una máquina previa a Enigma llevaron a cabo criptógrafos polacos, ingenió un artefacto que permitió descifrar miles de mensajes que los alemanes enviaban con información de todo tipo: desde partes meteorológicos hasta órdenes directas de Hitler.  

La información obtenida varió significativamente algunos aspectos de la guerra y contribuyó a su finalización. Por ejemplo, Reino Unido se encontraba en una situación límite al no disponer de alimentos ni medicinas. Estados Unidos enviaba barcos cargados con provisiones que los submarinos alemanes apostados en el Atlántico Norte destruían continuamente. Conocer, gracias a los mensajes descifrados por el equipo de Turing, las posiciones de los submarinos alemanes permitieron a los barcos estadounidenses ir modificando sus rutas para llegar sanos y salvos a destino.  

Tras la guerra, su trabajo continuó en el marco de la computación. Diseñó uno de los primeros computadores electrónicos programables digitales, así como otra de las primeras máquinas en la Universidad de Mánchester. También destacó en el campo de la inteligencia artificial, principalmente por la concepción del test de Turing en 1950, según el cual puede juzgarse la inteligencia de una máquina si sus respuestas en la prueba son indistinguibles de las de un ser humano. 

Un final trágico 

También fue excelente, en otro orden de cosas, como corredor de fondo. Su marca de 2:47 en la prueba de maratón le hicieron ser considerado como posible atleta para participar en los juegos olímpicos de 1948, los primeros que se celebraron después de la guerra. Precisamente en Londres, su ciudad natal. Finalmente quedó fuera de la lista por lesión. Su motivación para correr era, según comentó, liberar su mente de la presión que le suponía el trabajo. 

A pesar de su brillante carrera como científico, de haber trabajado para el gobierno inglés y de su influencia en la Segunda Guerra Mundial, su final fue muy trágico. Su pareja, otro hombre, ayudo a un ladrón a entrar en la casa de Turing. En la investigación Turing reconoció ser homosexual, lo cual era delito en esa época en Reino Unido. Se le dio a escoger entre la cárcel y la castración química. Eligió lo segundo, provocándole importantes alteraciones físicas. Alan Turing se suicidó por consumo de cianuro en 1954, dos años después de ser condenado. 

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