Quién era Isaac Asimov: 100 años de ciencia ficción

Mar 19 2020
Quién era Isaac Asimov

Por Rodrigo Díaz López

 

El pasado 2 de enero de 2020 se cumplieron 100 años del nacimiento de Isaac Asimov, uno de los padres de la ciencia ficción, junto a Robert A. Heinlein y Arthur C. Clarke.

Isaak Yúdovich Ozímov nació en Petróvichi (hoy Rusia, pero entonces parte de la Unión Soviética), el 2 de enero de 1920. Sin embargo, cuando tan solo tenía 3 años, sus padres se trasladaron a vivir a Nueva York y decidieron cambiar su apellido ruso por Asimov, por lo que la infancia y juventud de Isaac Asimov se desarrolló en el neoyorquino barrio de Brooklyn, donde pronto empezó a devorar libros en las bibliotecas públicas y revistas de ciencia ficción en la tienda que regentaban sus padres. Posteriormente, Asimov se doctoró en química y llegó a ser profesor universitario en la Universidad de Boston.

Asimov comenzó a escribir relatos de ciencia ficción a los 19 años, y durante su vida llegó a publicar más de 500 libros. Pero entre su magna obra no solo se encuentran relatos o novelas de ciencia ficción, sino también ensayos científicos, libros de historia, libros de divulgación científica e incluso una guía de la Biblia.

Las Tres Leyes de la Robótica

En sus primeros relatos sobre robots positrónicos, recopilados en 1950 en el libro “Yo, Robot, Asimov acuñó el término “robótica” y enunció las Leyes de la Robótica, las tres leyes morales que deberían regir el comportamiento de los robots:

  1. Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entrasen en conflicto con la primera ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o con la segunda ley.

En casi todas las historias de ciencia ficción anteriores protagonizados por robots, estos terminaban rebelándose contra su creador. Así, en un intento de acabar con este "complejo de Frankenstein", Asimov trató de divulgar los efectos beneficiosos que los robots podrían aportar a la humanidad.

  • La Primera Ley de la Robótica es una protección básica del ser humano. El robot deberá anteponer la integridad (física o psicológica) de la persona a cualquier otra cosa. Si ésta no se tuviera en cuenta, podrían fabricarse robots militares que podrían decidir sobre la vida o la muerte de los seres humanos, lo que no sería muy inteligente por nuestra parte como se ha encargado de mostrarnos la serie de películas Terminator.
  • La Segunda Ley de la Robótica tampoco deja lugar a dudas; el robot deberá obedecer SIEMPRE al ser humano (lo que le deja en una posición total de dependencia de las personas) salvo si la orden que recibe es la de causar o permitir causar daño a un humano.
  • Finalmente, la Tercera Ley de la Robótica supone la rendición absoluta de los robots a los humanos, la asunción de su papel como esclavos. Los robots tienen el deber de protegerse, pero deben ser sumisos a los humanos, hasta el punto estar obligados de obedecer si reciben la orden de autodestruirse.

A lo largo de los relatos robóticos de Asimov, en los que la robopsicóloga Susan Calvin solía ser la protagonista, se plantean interesantes cuestiones relativas a la forma en que los robots aplicarían estas tres leyes. Si se modificase la Primera Ley, eliminando la cláusula de la inacción, un robot podría dejar caer un gran peso sobre un hombre, sabiendo que no infringiría la Primera Ley porque su fuerza y sus reacciones le permitirían apartar el peso en su caída antes que le hiriese. Sin embargo, una vez soltado el peso, el robot podría cambiar su forma de pensar y dejar que el peso llegase hasta él. El responsable de su muerte no sería el robot, sino la fuerza de la gravedad. Por otro lado, si se intercambiase el orden de la Segunda y Tercera Ley, los robots podrían negarse a realizar ciertos trabajos amparándose en un posible riesgo para su integridad física. Por último, si se eliminase por completo la Tercera Ley, los robots podrían elegir autodestruirse antes de verse sometidos por los humanos.

Por otro lado, Asimov también planteaba en sus historias de robots situaciones paradójicas en la que un robot podía llegar a incumplir, aparentemente o no, estas leyes. Por ejemplo, en 1985, Asimov introdujo en su libro “Robots e Imperio” una Cuarta Ley, denominada Ley Cero de la Robótica, con el siguiente enunciado:

  • Ley 0. Un robot no puede causar daño a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufra daño.

La denominación “cero” indica que esta nueva ley sería de una jerarquía superior a las otras tres leyes, por lo que sería posible que un robot pudiera dañar a un ser humano concreto… siempre que fuera en beneficio de la humanidad.

Un imperio galáctico anterior a Star Wars

No obstante, la saga literaria de ciencia ficción más popular de Asimov fue la serie de siete novelas de la "Serie de la Fundación", que se inspiró en la decadencia y caída del imperio romano. Asimov propuso una fundación en los límites de la galaxia donde los científicos salvadores se reunirían para mantener vivo el Imperio Galáctico compilando una enciclopedia del conocimiento humano, de manera similar a lo que realizaron las ordenes monásticas durante la Edad Media.

Para esta serie Asimov se inventó una nueva ciencia, la Psicohistoria, que combinaba sociología, historia y estadística para adivinar el comportamiento futuro de grandes masas de población. Asimov utilizó la siguiente analogía: en un gas, el movimiento de una sola molécula es muy difícil de predecir, debido a los continuos choques con sus vecinas, pero el comportamiento a escala visible de un gas puede ser predicho con gran exactitud. Así, si se aplicaran cálculos estadísticos a una población lo bastante grande, como el Imperio Galáctico de sus novelas, cuya población era de billones de personas, se podría predecir su evolución histórica y social global con gran exactitud. De este modo en la novela “Fundación” el protagonista, el científico Hari Seldon, fue capaz de predecir el caos de su civilización.

En este punto, Asimov demostró ser un visionario ya que las técnicas actuales de Big Data permiten, precisamente, elaborar modelos matemáticos que prevén el comportamiento de grandes masas de personas con cierta exactitud.

Pero el personaje más icónico de la saga de la Fundación es, sin lugar a dudas, El Mulo, un personaje basado vagamente en Napoleón Bonaparte que era capaz de alterar las emociones humanas, modificando la voluntad de las masas, y destruyendo así la predicción psicohistórica de Hari Seldon.

Enfermedad y muerte

En 1977, Asimov sufrió un ataque cardíaco. En diciembre de 1983, se le practicó una cirugía cardiovascular en la que le realizaron un triple baipás coronario. Durante la operación, se le realizó una transfusión de sangre que resultó estar contaminada con el virus VIH. Cuando fue descubierta la infección por VIH, sus médicos insistieron en no hacer pública la información debido al prejuicio que se tenía en ese tiempo contra los infectados por dicha enfermedad.

Asimov murió en New York el 6 de abril de 1992, donde fue incinerado. Le sobrevivieron su viuda Janet y los hijos de su primer matrimonio, así como sus hermanos. Su hermano Stanley informó que la causa de muerte fue insuficiencia cardíaca y renal. La familia optó por no revelar que la muerte se había debido a la enfermedad del SIDA, ya que dos días después del fallecimiento se produjo una gran controversia pública cuando el tenista Arthur Ashe anunció que tenía la misma enfermedad (también contraída en 1983 de una transfusión sanguínea durante una cirugía de baipás coronario). También los doctores continuaron insistiendo en mantenerlo en secreto.

En 2002, cuando muchos de los médicos que atendieron a Asimov habían fallecido, Janet y Robyn Asimov acordaron revelar que la muerte de Isaac Asimov fue debida al SIDA. Janet Asimov hizo pública la información previamente a la publicación de la autobiografía póstuma de Asimov It's Been a Good Life (2002), que la propia Janet había editado y en la que ella misma revelaba las circunstancias del contagio y de su fallecimiento.

Rodrigo Díaz López

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